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Xosé Mª Torres, Carlos Acuña, Alfredo Torres, Amparo Quiroga (con el micro), Bernardo Penabade e Irene Castro. (Foto: Victoria Díaz) |
El sábado 6 de julio Terras de Ortegal tuvo a bien llevar a cabo un homenaje en la persona de Elena Quiroga. Santanderina de nacimiento, pero gallega de corazón y vocación, le bastaron tan solo unos días de verano con nosotros, con la década de los 40 del siglo pasado tocando a su fin, para empaparse de lo que nuestra tierra le ofrecía, cual esponja sedienta, se empapó de tal modo de nuestros paisajes, absorbió sus olores y sabores, escuchó a nuestros paisanos que un fecundo lastre de información aderezado con sorpresivas sensaciones, iba ocupando su lugar en unos huecos ávidos de curiosidad.
A raíz de una visita al Pazo de Brandaliz, y ya situada en el chalé de Segunda Calvo, amiga de su familia, no dudó en soltar ese exceso de equipaje a través de una novela, Viento del Norte, aunque su título inicial fuera Tumbaloureiro, con el cual hacía referencia a los vientos de la zona, pero que fue rechazado posteriormente. Con esta novela se hizo merecedora del prestigioso Premio Nadal en 1950, siendo la segunda mujer que consiguió tal distinción después de Carmen Laforet, y este premio fue, además, el revulsivo para iniciar una fructífera carrera literaria y la consecución, por ello, de otro galardón que la colocaría para siempre entre los grandes: un sillón en la Real Academia Española. Por todo ello, los actuales propietarios de la vivienda, la familia Castro Iglesias, no dudaron en apoyar esta iniciativa al abrir de par en par el edificio a todos aquellos que decidieron sumarse a la iniciativa.
El acto, presentado por las siempre sabias palabras del profesor Bernardo Penabade, y que contó con la asistencia de numeroso público, y la presencia de Amparo Quiroga, sobrina de la escritora -que se desplazó desde Santiago a Ortigueira con su marido, el profesor Carlos Acuña Castroviejo- consistió en el descubrimiento de una placa situada en el cierre de la vivienda, y en la cual se recuerda a la homenajeada.
Al acto se sumó la edición de un libro, Elena Quiroga y Ortigueira. Aproximación didáctica a Viento del Norte, en cuyo interior se lleva a cabo un resumen del contexto literario de la época en la que Quiroga se desarrolló como escritora, así como las técnicas narrativas del momento, para más tarde analizar la propia obra de la autora y finalizar con la verdadera razón de este homenaje: la relación de Elena Quiroga con Ortigueira.
El autor de este ensayo, Alfredo Torres, dirigió unas sentidas palabras a los allí congregados, y en ellas está recogido un hecho importante, y es que Elena Quiroga no es, sino, una integrante más del elenco de personas que encontraron en nuestro decorado vital una fuente de inspiración sin precedentes, esto es un hecho que ha ocurrido, cómo no, en todos los campos artísticos, pero hoy toca hacer alusión a la literatura, arte en el que se movió la homenajeada, y bien podríamos interpretar el acto llevado a cabo como el comienzo de una serie de reconocimientos en las personas de aquellos escritores que utilizaron su arte para dejar impreso el cariño y el impacto que les había causado nuestra tierra ortegana, fuente, al fin y al cabo, de inspiración sin igual.

Un hermoso acto, sentido, pero sobre todo musical, pues contó con la intervención de varios miembros -Pablo, Adrián, Marta y Cecilia (flauta travesera, clarinete, teclado y percusión) - del grupo Festa Rachada, que interpretaron varias piezas que dieron realce a un ya bonito acto.
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Texto: Manel Bouzamayor.
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